Le conocí hace años, cuando empezaba a despuntar: era un tipo claro, franco, accesible, sorprendentemente normal. Hoy, cuando ha tenido el mundo a sus pies y se ha apeado del trono de un salto, sin dudar, Ferran Adrià sigue manteniendo la curiosidad de un niño, las ideas claras y el entusiasmo por hacer cosas nuevas. Ahora recorre el mundo hablando de innovación, de El Bulli y de su legado.